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IN MEMORIAN Pérez de Tudela recuerda a Ángel de la Lama

No me esperaba que Ángel de la Lama muriera tan pronto y en la misma montaña que tanto y tan bien conocía. Su cuerpo fue encontrado en la Canal de la Genduda. Nadie sabe qué pudo pasarle. Pero es bueno, a mí juicio, que nos llevemos el misterio al más allá.

Fue un hombre siempre pendiente de ayudar a los demás, especialmente a alpinistas y montañeros cuando la alarma llegaba al macizo Central de los Picos de Europa.

Así puedo recordar alrededor de seis o siete búsquedas y rescates en los que yo intervine en aquella zona llena de incomparables atractivos.

Ángel de la Lama participó personalmente en las largas operaciones invernales del rescate del Espolón de los Franceses, en 1980. Él y Fernando Guardiola, el Galleta, se pusieron los esquís de fondo para aproximarse por la Vueltona y la senda Bustamente, camino de Peña Vieja para saber si los dos alpinistas de Madrid, Rafael y Francisco, habían podido salir de la pared. Hicimos venir a un “pister” del Valle de Arán que tenía un perro adiestrado en la búsqueda de desaparecidos en la nieve, pero los empleados del Teleférico, celosos guardianes del reglamento, no permitían que el perro subiera en él. Recuerdo que les expliqué que el perro había viajado expresamente desde el Pirineo para cumplir su misión, y que el teleférico funcionaba exclusivamente para colaborar en el rescate, pero hizo falta la presencia de Ángel de la Lama para que el perro fuera admitido como un pasajero más, ya que cansado perdería toda su capacidad de búsqueda.


Ángel era un hombre con gesto serio, siempre al servicio del valle de Liébana y de sus gentes, una comarca que imprime carácter a sus pobladores y que constituye de alguna forma el núcleo fundamental de Cantabria, que es más montañesa aún que marinera. Si Cantabria es infinita imagínense ustedes como son las gentes de la Liébana.

La última vez que estuve con Ángel de la Lama fue con motivo de la escalada del Naranjo de Bulnes de Marga Pereda, esa admirable mujer a la que nada se resiste, y que constituye de alguna manera una bandera desplegada de Liébana por los medios de comunicación de España. Escalamos el Naranjo para la televisión de Cantabria. Y allí estaba Ángel de la Lama ayudándonos de distintas maneras con los vehículos TT, de Asturias a Cantabria por aquellas preciosas pistas de montaña.

Todavía recuerdo cuando la Diputación nombró a Ángel director del Teleférico, hace casi 40 años o más, un joven licenciado en Económicas. El teleférico se había instalado unos años antes gracias a las insistencias de Francisco Soberon, el farmacéutico de Potes, quién buen conocedor de los Picos, supo convencer a sus compañeros de la Diputación de Santander y llevar adelante un proyecto que a muchos les parecía un desatino.

Echaremos en falta a Ángel de la Lama, que para muchos y para mí también –que soy orujero mayor de Potes- formaba parte de ese majestuoso paisaje, de ese frontispicio impresionante que salva de un solo salto el teleférico de Fuente Dé. Su sobria sonrisa y su humanidad de buen montañés la tendremos siempre presente.

Cesar Pérez de Tudela
www.cesarperezdetudela.com

Fuente: Desnivel